Las ideas de Lenin a ojos de un joven del PSOE

Compartimos este texto publicado en 1929 en ‘Renovacion’, órgano de Educación y Propaganda de la Federación de Juventudes Socialistas. Esperamos que lo disfrutéis.

Las ideas de Vladimiro Lenin

Por Felipe Cabezas (JJSS)

Parece que la Humanidad, de tiempo en tiempo, para vigorizarse, para no fenecer, necesita crear de sus reservas adunadas un ser superior. Los grandes avances históricos han encarnado siempre en un hombre excepcional. La última creación gigantesca esta representada por Vladimiro Ilich Ulianov, Lenin (1870-1924).

Talento portentoso, organizador, nadie como él supo compenetrarse con las masas, percatarse de sus necesidades, batir a sus adversarios y esquilmadores, atraer, persuadir y convencer a los explotados. Con sencillez genial resolvía sin dilación los problemas más complejos. Odiaba la ostentación y había sacudido el polvo de todo prejuicio. Su carácter frío estaba aliado con una voluntad de acero. Su pensamiento y su acción se correspondían inmediatamente. Tenía el sentido de la oportunidad y conveniencia. Sólo así pudo hacer la obra inmensa cuyos resultados son todavía insospechables.

Desde su tierna juventud perteneció Lenin a aquella pléyade de revolucionarios, cuya sangre, vertida por la opresión zarista, era semilla de liberación. Fue por entonces cuando, siendo Rusia un ergástulo de pueblos, ejecutaron a su hermano Alejandro, complicado en los complots terroristas. Por esta razón, Lenin tuyo que estudiar en la Universidad de Kazan, prohibiéndosele el ingreso en las de las capitales. Aun de esta misma fue expulsado por ser el promotor de una revuelta estudiantil.

Respetuoso con los liberales –«narodovolets»–, cimentó su fama al continuarlos y atacarlos, creando Grupos obreros y rodeándose de intelectuales, aunque la mayoría le eran hostiles, ya que el punto de mira de éstos se quedaba muy corto.

Cuando solo contaba veinte años, y después de una larga prisión, fue condenado al destierro. Desde entonces, su calvario fue indecible. Se enfrentó contra los liberales, no queriendo esperar a que la burguesía conquistase las libertades políticas, a pesar de encontrarse Rusia un siglo rezagada con relación a Europa; así que tuvo que habérselas a la par contra el zar y la burguesía. Se enfrentó contra la Socialdemocracia fundada por Plejanof, Axelrod y Sasulich, la cual sostenía que el Gran Imperio no podría evitar el estadio capitalista. Se enfrentó contra el marxismo legal que adoptaron las izquierdas burguesas disfrazadas, según él, porque despojaban al marxismo auténtico de su espíritu revolucionario; si bien es cierto que se valió de él al principio.

En 1901 publicó «Iskra» (La Chispa), y en su primer artículo –«¿Por dónde empezar?»– diseñó las fases del bolchevismo, que luego organizó, iniciando el ataque contra los mencheviques, que representaban, según decía él, a las clases medias, y se aproximaban más a los liberales que a Marx.

En 1911 ya tenían los bolcheviques algún periódico legal y algunos diputados. Al siguiente año, el partido renace y la «Pravda» inserta en cada número un artículo de Lenin. En realidad, en 1913 era este hombre el alma de los obreros de Petrogrado. Hallábase en Austria cuando estalló la guerra europea, por él con tanta exactitud pronosticada, viendo con sorpresa cómo los representantes del proletariado alemán, en vez de provocar la guerra civil, según el acuerdo del Congreso de Stuttgart, votaban los créditos de la mundial. Desde este momento, su odio a la II Internacional no tuvo límites. De Austria pasó a Suiza, hasta 1917, en que tornó a Rusia, intentando en vano arrebatar el Poder a Kerensky, que lo ejercía desde la disolución del imperio a raíz de su derrota por los ejércitos centrales y, con ella, la caída del zarismo, la anarquía, la revolución, el caos. Por última vez, propone a mencheviques y socialrevolucionarios romper abiertamente con la burguesía; pero Kerensky optaba por un Socialismo moderado, reformista, y destierra a Lenin a Finlandia. A fines de septiembre salió de Finlandia para Petrogrado. Allí trabaja en la obscuridad, conquista las masas, publica artículos contra Kerensky y la burguesía igualmente y les vaticina su rápida caída. En efecto, aun contra el criterio de su mismo partido, que lo juzgaba prematuro, emprende la conquista del Poder, y lo consigue, a fines de octubre de 1917. Su primera medida fue firmar la paz con los imperios centrales –Kerensky se había hecho impopular por su empeño en continuar la guerra–. Hasta su muerte se dedicó a una labor reconstructiva, que, en opinión del economista burgués doctor J. Conrad, lo acredita de gran legislador y experto economista.

En 1905 el bolchevismo tuvo su primer Congreso. Débil a la sazón, el partido arremetía contra derechas e izquierdas de todo matiz y juraba dar el gran paso sin detenerse en la escala de una república burguesa. La revolución de este año fue ahogada en sangre; pero los Soviets abren al proletariado una página nueva. El bolchevismo se hace ilegal y se capta la animadversión de «todos». En el destierro, Lenin se dedica con ardor al estudio de la Filosofía, de la Economía y del marxismo.

A su muerte, deja al partido en el Poder; al ejército rojo, integrado por la clase trabajadora armada; la religión, aniquilada; el zarismo, aplastado para siempre; la mujer, emancipada; la propiedad particular, casi abolida; a su país, que abarca media Europa y parte de Asia, con 140 millones de habitantes, convertido en la Unión Socialista Federativa de las Repúblicas Soviéticas; la conciencia colectiva, en vías de ser troquelada en otros moldes de dignidad y justicia… Su obra revolucionaria es la más grande que han presenciado los siglos y lleva en cierne los gérmenes de un mundo totalmente distinto del actual.

Tales han sido, a grandes trazos, la vida y actuación de Lenin.

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